Un paso a la vez
No cabe duda que las circunstancias actuales presentan numerosos retos. Muchos cuestionan la manera en que nos enseñaron a entender y hacer las cosas. Tenemos frente a nosotros un panorama social, económico y político que nos invita, a regañadientes, a emprender nuevas formas a través de pruebas de acierto y error.
Lo cierto es que la incertidumbre se desbordó, se volvió asfixiante. Antes de la nueva configuración, nuestra ansiedad y angustia eran reguladas al considerarlas como una consecuencia necesaria en el ejercicio de concretar una meta u objetivo. Como nos enseñaron, es el sacrificio indispensable para la obtención de algo. Sin embargo, el nuevo esquema de vida nos colocó frente a la pérdida nuestros referentes de sentido. Y es que estos daban coherencia a nuestras dinámicas y prácticas cotidianas.
Entonces, lo terrorífico no es la mascarilla que usamos, tampoco ver el tiempo pasar desde nuestros hogares, sino cuestionar la posibilidad de un mañana. Estas circunstancias y el peligro inminente, hicieron del presente lo único concreto y real.
Esto no quiere decir que abandonemos nuestras expectativas, sino que nació una nueva pregunta, ¿Las metas y objetivos que me planteaba, en realidad, son tan importantes? Y es que para muchas personas este momento se describe a partir de la crisis. Algunos tuvieron que despedirse de sus familiares y amigos. Otros perdieron su trabajo: su único sustento económico para cubrir las necesidades de sus familias. Lo que si es transversal, es la postura de aprovechar el presente para salvaguardar las condiciones posibles para tener algo disponible y próximo en caso de que tuvieran que enfrentar los acontecimientos de la enfermedad.
Con ello no quiero decir que todo haya sido "malo" o negativo. Pero lo cierto es que el impacto fue coyuntural. Los acontecimientos del presente nos obligaron a soltar amarras y emprender el viaje sin rumbo. Una travesía que no considera el retorno como posibilidad. Entonces, vivimos la aventura del presente, quemamos las naves desde que salimos del puerto, aferrándonos a instante pensando..."un día a la vez".
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